Conferencia del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de los Jefes de Estado de la Comunidad Europea

miércoles, noviembre 14, 2007

(Parece obvio que este texto no ha tenido el origen que indica el titular, pero su contenido es tan aceradamente cierto, la crítica a los europeos tan absolutamente justificada y la redacción tan ingeniosa, que merece ser leído y difundido).

combate de sumision caribe

LA VERDADERA DEUDA EXTERNA



Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se encontraron hace quinientos años.Aquí pues nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga conintereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros, sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo.También yo puedo reclamar pagos, también puedo reclamar intereses.Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plataprovenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron al Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro de 'destrucción de las Indias', o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos. ¡No! Esos 185 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata deben ser considerados como el primero de muchos préstamos amigables de América destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir su devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero creer en la menos ofensiva de las hipótesis.Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que el inicio de un plan Marshall-tezuma, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización. Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o, por lo menos, productivo de los recursos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.En lo estratégico, lo dilapidaron en las 'batallas de Lepanto', en 'armadas invencibles', en 'terceros reichs' y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de laOTAN, como Panamá pero sin canal.En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman, conforme a la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar. Y nos obliga a reclamarles, por su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente, hemos demorado todos estos siglos.Al decir esto aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de 20%, y hasta 30%, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de 10% anual, acumulado sólo durante los últimos 300 años.Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 180 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata, ambas elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total de la Tierra. ¡Muy pesadas son esas moles de oro y plata! ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.Pero sí exigimos en forma inmediata la firma de una 'carta de intención' que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota tal que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales.En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al Poeta.Pero no podrán.Porque esa bala es el corazón de Europa.


jueves, noviembre 08, 2007



COPA CARACAS 2007



ÉXITO TOTAL EN EL LATINOAMERICANO DE KICK BOXING



2000 ATLETAS ASISTENTES RECORD NACIONAL



MAS DE 12 MILLONES DE BOLIVARES REPARTIDOS EN PREMIOS





Fajas del Titulo Latinoamericano de Kick Boxing



Afiche del Torneo

Dos mil niños y niñas, atletas de 120 categorías de Artes Marciales, perteneciente a las Escuelas de Iniciación Deportiva que respalda la Alcaldía del Municipio Bolivariano Libertador, y adultos hasta 60 años, participaron en la Copa Caracas 2007 de Artes Marciales, Edición Cacicas Indígenas de Venezuela.Al evento organizado por el Instituto Municipal de Deporte y Recreación (IMDERE), ente adscrito al gobierno municipal de Libertador, acudieron personalidades internacionales de distintas categorías, durante tres días, en el Gimnasio Los Gemelos de Montalbán, informó la Agencia Bolivariana de Noticias.A la inauguración asistió el Alcalde Freddy Bernal, quien recibió un diploma del Centro de Investigaciones y Estudio de las Artes y de las Ciencias de las Expresiones Sicocorporales, Submissión Kombat, que le confiere el rango/grado de Cinturón Negro, en reconocimiento por sus habilidades, destrezas y apoyo al deporte.El Jefe municipal también recibió la placa de Máximo Honor Marcial Rozokai-Do de Colombia y la distinción de Gran Champion, según informó el ente capitalino en una nota de prensa.
Indicó Bernal que este año el encuentro deportivo se realiza en apoyo a la reforma constitucional y a todo el impulso y esfuerzo que el gobierno revolucionario ha dado al deporte en sus diversas manifestaciones.




NOTICIAS POR LAS AGENCIAS INTERNACIONALES:


http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=5&t=55128


http://argentina.indymedia.org/news/2007/10/559296.php


http://www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=108088


http://www.prensalatina.com.mx/Article.asp?ID={33171D2C-DA69-4FB9-9518-4C74870AA331}&language=ES


www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=108313


www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=5&t=55161


http://www.diariolaregion.net/seccion.asp?pid=29&sid=1559&notid=36964


FOTOS:




COPA CARACAS 2007


COPA CARACAS 2007

ÉXITO TOTAL EN EL LATINOAMERICANO DE KICK BOXING


2000 ATLETAS ASISTENTES RECORD NACIONAL


MAS DE 12 MILLONES DE BOLIVARES REPARTIDOS EN PREMIOS




Fajas del Titulo Latinoamericano de Kick Boxing



Afiche del Torneo

MAS FOTOS:

http://www.ciescodefv.com/

http://www.submissionkombat.com/


NOTICIAS POR LAS AGENCIAS INTERNACIONALES:


http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=5&t=55128


http://argentina.indymedia.org/news/2007/10/559296.php


http://www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=108088


http://www.prensalatina.com.mx/Article.asp?ID={33171D2C-DA69-4FB9-9518-4C74870AA331}&language=ES


www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=108313


www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=5&t=55161


http://www.diariolaregion.net/seccion.asp?pid=29&sid=1559&notid=36964




EL ORIGEN DE LOS PUEBLOS KARIVES VENEZOLANOS

jueves, octubre 19, 2006



Hacia el segundo siglo de la era cristiana, grupos de agricultores ceramistas hablantes de lenguas karives, provenientes de la región amazónica brasileña, ingresaron a la cuenca del Orinoco, el oriente, la costa central de Venezuela y el sur del Lago de Maracaibo, llegando controlar esa vasta región para el siglo XIII de la era cristiana. A partir de un centro inicial ubicado entre el Matto Grosso y las cabeceras del Amazonas, nuestros ancestros karives se habrían expandido hacia el norte penetrando en la cuenca del Orinoco alrededor del siglo III de la era, en la costa atlántica colombiana hacia el siglo VIII, en la cuenca del Lago de Maracaibo hacia el siglo XI, en la costa centro-oriental de Venezuela hacia el siglo XIII, en la cuenca del Lago de Valencia hacia el siglo VIII y en el Valle de Caracas hacia el siglo XIII de la era, desplazando o absorbiendo a los antiguos pueblos arawacos que habitaban nuestro actual territorio desde por lo menos el año 1000 antes de la era cristiana.

Esta ola expansiva culminó, entre los siglos IX y XIV, con la ocupación del extenso territorio de la Guayana y la Amazonia venezolanas, Guyana, Surinam y Cayena, esto es, toda la costa noratlántica de Suramérica, desde Paria hasta las Bocas del Amazonas. De la misma manera, para el siglo XV de la era, los pueblos karives habían logrado el control territorial de la mayor parte del Karive Insular. Las tribus indígenas caraqueñas que se enfrentaron a las diversas expediciones castellanas pertenecían al gran cacicazgo o señorío karive, cuyo centro o territorio principal se hallaba localizado originalmente en la cuenca del Lago de Valencia. Aquéllas ejercieron, hasta el siglo XVI, un control absoluto de la región costera central de Venezuela, así como de las islas que se encuentran frente a dicho litoral. Este cacicazgo karive estaba vinculado con otras grandes unidades sociopolíticas, también karives, que entre los siglos VIII y XII de la era Cristiana llegaron a tener el control territorial de toda la región costera nororiental de Venezuela y la Cuenca del Orinoco, las cuales mantenían vínculos muy cercanos con los poderosos grupos tribales similares que habitaban las Antillas Menores, desde Trinidad hasta Borínquen (Puerto Rico), Haití-Quisqueya (Santo Domingo) y Cuba. Cuando se produjeron las primeras entradas de Ordaz y Berrío en el Orinoco, los caciques karives de la región les enseñaron a ambos exploradores que hacia el norte también existían grandes poblaciones karives, indicando con ello el conocimiento que tenían sobre la existencia y la ubicación de las otras etnias similares que habitaban el territorio de la actual Venezuela. La resistencia de los karives caraqueños a la ocupación castellana tuvo también su paralelo entre las etnias karives que habitaban las Grandes Antillas a comienzos del siglo XVI, hecho que nos permite entender más claramente el carácter de la extensa organización sociopolítica global que mantuvo esta sociedad, pueblos karives antillanos y venezolanos, hasta mediados del siglo XVI. Cuando decimos global, nos estamos refiriendo a un sistema de organización territorial que se fundamentaba en la existencia de vínculos y contactos regulares a larga distancia, lo cual permitía a los pueblos de la macroregión kariveña estar permanentemente informados sobre los eventos que estaban sucediendo en sus diversos territorios desde la entrada de los castellanos en 1492. La arqueología legitima la existencia de aquella macroregión kariveña desde finales del último milenio a.C., así como los intercambios de manufacturas y, al parecer, de mujeres alfareras vía alianzas matrimoniales, desde el noreste de Venezuela hacia Las Antillas y viceversa. Ello explicaría la solidez del tejido social, la solidaridad de los pueblos kariveños y su fuerte arraigo territorial y, en suma, la existencia de una definida identidad cultural que distinguía a los karives, particularmente los de la Macroregión Karive Antillana, de los de Venezuela y las Guayanas. La lucha de los karives borincanos (Puerto Rico) contra la ocupación castellana, comandada por sus grandes jefes guerreros Guarionex, Mabodomoca, Cacimar, Yahureibo y Luquillo, se prolongó hasta 1530, produciéndose la toma y destrucción de los principales poblados castellanos de la isla: Sotomayor, Higüey, Caparra, Santiago y un gran número de haciendas. Más de dos décadas les tomó a los castellanos reducir el baluarte de los karives borincanos. Éstos no solamente se defendieron, sino que a su vez se hicieron fuertes en otras islas de las Pequeñas Antillas como Islas Vírgenes, Dominica y Guadalupe, llegando a lanzar expediciones bélicas hasta la lejana isla de Trinidad, ubicada frente a la península de Paria [10]. Al igual que ocurrió en Caracas y en Guayana, luego de 1530, los karives borincanos se aliaron con los comerciantes armados o «corsarios», ingleses y franceses, que trataban de minar la hegemonía de intercambios comerciales que había impuesto el imperio español a sus dominios kariveños. En el caso de las etnias karives de la región centrocostera venezolana, diversas expediciones fueron organizadas por los españoles entre 1555 y 1567 para tratar, sin éxito, de conquistar el valle de Caracas y su región litoral, las cuales consumieron gran cantidad de recursos humanos y fiscales. La feroz resistencia de las tribus karives, comandadas por sus jefes guerreros Guaicaipuro, Paramaconi y Terepaima quienes controlaban el valle de Caracas y las montañas que lo rodean, imposibilitó la implantación de un asentamiento castellano estable hasta 1568. Aquellas expediciones tuvieron para los españoles, sin embargo, un producto muy valioso: la posibilidad de conocer y evaluar de manera más cabal la topografía y los recursos naturales de la región, las características culturales de las tribus indígenas que habitaban el valle, su estrategia militar y su potencial de combate . Las expediciones de Fajardo, iniciadas en 1555, lograron -al menos temporalmente- fundar una base para la conquista del valle, al que llamó Fajardo de San Francisco y, otra. para controlar el litoral al que denominó El Collado, homenaje, quizás, al gobernador provincial de turno. Poco duraron aquellos asentamientos porque, en 1560, los ejércitos karives, bajo el mando de Guaicaipuro, Paramaconi, Terepaima y otros importantes jefes guerreros caraqueños, finalmente quemaron sus bohíos, se apoderaron del ganado, derrotaron y expulsaron a los invasores castellanos de sus territorios, obligándolos a buscar refugio en la isla de Margarita .

LAS COMUNIDADES KARIVES DEL BAJO ORINOCO

En el Bajo Orinoco, la resistencia de los pueblos karives contra los conquistadores españoles se prolongó hasta mediados del siglo XVIII. Facilitaron esta larga resistencia diversos factores: 1 la existencia de poblaciones karives muy numerosas y organizadas y el reducido número de soldados y frailes comprometidos en la conquista y reducción de las etnias indígenas. 2 la distancia que mediaba entre los enclaves españoles y sus bases logísticas y, 3 el apoyo material que brindaron los holandeses e ingleses al esfuerzo de guerra de los karives. Como resultado de la guerra, la organización jerárquica de las comunidades karives se intensificó a partir de 1530, como forma de resistencia a la intervención conquistadora y colonizadora de los españoles. Para lograr dichos fines, algunos jefes karives firmaron tratados con los holandeses en 1672 donde éstos prometían a los indios amistad, protección contra la esclavitud y paga por los servicios prestados. Los indios, a su vez, servían como canoeros y pilotos, proporcionaban insumos alimenticios y enseres, y mantenían expedita la ruta comercial y los puestos de comercio de la Compañía de las Indias Occidentales. Como consecuencia de esta relación, se estimuló la introducción de bienes de consumo suntuario en aquellas poblaciones karives por parte de los holandeses, particularmente armas de fuego, pólvora, balas, espadas, hachas, cuchillos, tijeras, navajas de afeitar, espejos, telas, botellas de ron, platos de mayólica holandesa, inglesa o francesa, porcelana china y demás, cuya posesión debe haberse convertido en objeto de prestigio para los guerreros y miembros en general de dichas comunidades. Sin embargo, el volumen de los aportes materiales holandeses e ingleses a los karives del Orinoco no parece haber sido tan significativo y cuantioso como lo han establecido los autores que han escrito sobre el tema .
Al igual que en la costa centro-oriental de Venezuela, los karives del Orinoco mantuvieron desde el siglo 1630 hasta 1740, una larga guerra de resistencia contra la dominación española para defender y preservar su dominio territorial sobre el Bajo Orinoco, comandados, entre otros, por los jefes guerreros Quirawera, Taricura y Yaguaría. En una primera fase, se aliaron con los expedicionarios ingleses enviados por la reina Isabel I para conquistar las bocas del Orinoco [12] y, luego, con los holandeses y franceses también enemigos de los españoles que buscaban desestabilizar el enemigo común: la presencia del imperio español en sus dominios kariveños.
La ayuda que brindaban los holandeses a las etnias karives orinoquenses en el siglo XVIII, proporcionándoles armas de fuego y apoyo logístico, tenía también como contraparte la obtención de esclavos indios que los karives capturaban en sus razzias, los cuales eran enviados a trabajar en las plantaciones de azúcar de Suriname.
La llamada Gran Rebelión Karive de la región Aro-Caura-Cuchivero, comandada por el jefe karive Yaguaría, ocurrida en 1730 [13], representó el último esfuerzo de dicha etnia para conservar con el apoyo de los holandeses y franceses la hegemonía política que habían podido consolidar en el Orinoco entre los siglos 9 y 14 de la era.
La información derivada del estudio de los sitios arqueológicos karives de los siglos XVI, XVIII y XVIII en el Bajo Orinoco indica que la hegemonía política de los karives no era exclusivamente el producto del sojuzgamiento de los otros pueblos indígenas de la región. Una de las causas principales de su predominio en dicha zona parece haber sido lo numeroso de su población. Según los resultados de nuestras investigaciones, los poblados karives más grandes del Bajo Caroní llegaron a tener una extensión de varias hectáreas. En Cachamay, la población estaba organizada en diversos conjuntos de viviendas, cada uno compuesto por tres a cuatro grandes bohíos colectivos. Un cálculo aproximado nos permitiría suponer para cada conjunto, una población de 90 a 120 personas y una estimación aproximada de 600 a 700 habitantes por pueblo. ParaelsigloXVI, la poblaciónkarive, sólo para el Bajo Caroní, podríaserestimada aproximadamente entre 4000 y5000 personas.
Entre 1000 y 1600 años de la era, hallamos una cadena contínua de asentamientos karives sobre la margen izquierda del Bajo Orinoco. No todos ellos tenían, sin embargo, las mismas dimensiones de los poblados del Bajo Caroní, fluctuando entre aldeas integradas por sólo una casa comunal y, en ocasiones, hasta cuatro o cinco viviendas de características similares. El poblado más extenso del Bajo Orinoco era el de Barrancas o Huyaparí, integrado a su vez por numerosas aldeas relacionadas entre sí, donde convivían poblaciones karives y arawacas. Las observaciones de los cronistas del siglo XVI indican un estimado 400 viviendas para el mismo, es decir, unos 12.000 a 15.000 habitantes en total. Las poblaciones karives no eran solamente más numerosas, sino que parecen haber sido también buenos negociantes que se desplazaban en sus grandes curiaras a lo largo del Orinoco e incluso hasta Paria y las actuales Guyana, Demerara y Cayena, transportando y distribuyendo mercancías de distinto género. Unaactividad tal necesitaba tener poblaciones amigas a lo largo de sus rutas de intercambio, cosa que lograban manteniendo nexos de parentesco con todas las otras comunidades y etnias, karives o arawacas, de los territorios bajo su control. La guerra de conquista llevada a cabo por los españoles en la región centro oriental de nuestro país, poblada principalmente por pueblos de la etnia-nación karive, duró dos siglos y medio, hasta que en el siglo XVIII, una parte importante de la misma aceptó acogerse al sistema misional. Las misiones Capuchinas Catalanas de Guayana se fortalecieron fundamentalmente con el aporte humano y cultural karive, creando un proyecto político y económico que combinaba las ideas del Padre Las Casas con la modernidad capitalista del siglo XVIII: agricultura y ganadería intensivas, transformación artesanal de las materias primas, minería del oro y del hierro, grandes hornos para producción de alfarería refractaria, talleres de metalurgia para la producción de herramientas, alfarería industrial y un importante comercio de exportación hacia Las Antillas y Europa. Los frailes capuchinos actuaron como gerentes, pero fueron los karives los que formaron la masa crítica de supervisores y trabajadores que dieron sustento al proyecto. Fue gracias al enorme producto que dejaron las misiones en sus diversos almacenes, a los grandes rebaños de ganado vacuno y mular, a la mano de obra preparada y calificada, como La República pudo establecerse en Guayana y luchar hasta la consagración de la Independencia en 1821 . En el caso concreto de Caracas, los descendientes de la población karive original y los mestizos, mulatos y zambos, constituyeron el fundamento del Bravo Pueblo que propulsó el nacimiento del Estado nacional en 1810. Aún después de vencidos militarmente, los indígenas, y en particular los pueblos karives, constituyeron el componente cultural y demográfico más importante de nuestra nación, sin el cual los venezolanos no seríamos tal cual somos. De igual manera, su presencia constituye un componente importante del poblamiento original de Guyana, Suriname, Cayena y el norte de Brasil. Hoy día celebramos que sus avatares, sus exponentes principales simbolizados en el jefe guerrero Guaicaipuro, han sido finalmente reivindicados y legitimados por la historia, y sobre todo por el Estado que representa jurídicamente a la nación, como integrantes del panteón de fundadores de la patria venezolana.

LOS PUEBLOS KARIVES: UNA ETNIA-NACIÓN

por Mario Sanoja Obediente*, Iraida Vargas-Arenas*

Más de cuatro siglos han pasado desde que murió asesinado el jefe guerrero karive Guaicaipuro, a manos del soldado español Francisco Infante. Durante largo tiempo, la mayoría de los historiadores hispanistas venezolanos, más interesados en promover una imagen civilizadora de los conquistadores españoles frente a una supuesta barbarie aborigen, magnificó la lucha colonial de los soldados castellanos, reduciendo la resistencia y el sacrificio indígena que dieron sus vidas defendiendo lo que consideraban su heredad, su patrimonio.
La existencia de una Nación se fundamenta en «la aparición de un grupo social capaz de establecer su hegemonía y definir un proyecto político de autodeterminación que aglutine a todos los demás sectores subordinados», es decir, que logre determinar como lo recomendó Gramsci- «además de la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral», o sea, la unidad cultural en un sentido nacional; que asimismo, consiga colocar «todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha no sobre un plano corporativo (es decir, de los intereses puramente económicos de un grupo), sino sobre un plano universal...» [1].

Nuestra Constitución Bolivariana es un proyecto de nación que recoge esas ideas fundamentales y plantea la existencia de una cultura nacional como la síntesis de todas las experiencias históricas compartidas, de las hazañas colectivas, de las grandes luchas comunes y de los resultados y memorias de esas prácticas; se nutre de los valores resemantizados de los sistemas culturales autóctonos o que brotan de las tradiciones y costumbres populares [2]. Dentro de esa definición del proyecto nacional venezolano bolivariano, es pertinente analizar la gesta karive, no como una una serie de eventos espasmódicos e individuales, sino entender la manera cómo, dicha sociedad, llegó a tener una clara definición territorial, una unidad de lengua y cultura, y una identidad social, todo lo cual la definiría, a nuestro criterio, como una etnia-nación cuyos aportes constituyen uno de los pilares fundamentales del Estado-nación venezolano y de la macroregión geohistórica kariveña.

Por su importante posición geográfica en el extremo norte de Suramérica, desde los más remotos tiempos, el actual territorio venezolano siempre fue el punto de confluencia de diversos movimientos de poblaciones humanas y culturas, así como de mestizaje y reformulación. para producir una nueva síntesis original lo que, a su vez, influyó en tiempos históricos posteriores, en la existencia de las poblaciones y cultura nacionales. Es por ello que Venezuela se formó con una fachada andina, relacionada con las poblaciones formativas originarias del noroeste de Suramérica, una fachada amazónica, vinculada con los pueblos originarios del este de Suramérica, y una fachada kariveña, producto de la dinámica histórica a partir de las poblaciones subandinas y orinoquenses originales.

La etnia-nación en el contexto histórico latinoamericano-kariveño
Más de cuatro siglos han pasado desde el día en que murió asesinado en su aldea de Suruapai, localizada a orillas de la quebrada Paragoto (actual Paracotos, Edo. Miranda), el jefe guerrero karive Guaicaipuro, de la etnia Tequej, a manos del soldado español Francisco Infante [3]. Durante largo tiempo, la mayoría de los historiadores hispanistas venezolanos, más interesados en promover una imagen civilizadora de los conquistadores españoles como enfrentada a una supuesta barbarie aborigen, magnificó la lucha colonial de los soldados castellanos, reduciendo a su mínima expresión las de resistencia y el sacrificio de decenas de millares de indígenas que dieron sus vidas defendiendo lo que consideraban su heredad, su patrimonio.

Como expresión simbólica de esa ideología neocolonizada, hasta hace poco, las oligarquías gobernantes en Iberoamé-rica celebraron como fiestas nacionales el 12 de Octubre de 1492. La conciencia social ha cambiado y hoy lo recordamos como el día cuado terminó la vida autónoma de las sociedades aborígenes americanas y comenzó el doloroso exterminio, físico y cultural, de millones de hombres y mujeres de las poblaciones originarias americanas. Dicho en palabras de Pablo Neruda:
«Los carniceros desolaron las islas./ Guanahaní fue la primera/ en esta cadena de martirios./ Los hijos de la arcilla vieron rota su sonrisa, golpeada/ su frágil estatura de venados,/ y aún en la muerte no entendían,/ Fueron amarrados y heridos,/ fueron quemados y abrasados,/ fueron mordidos y enterrados./ Y cuando el tiempo dio su vuelta de vals,/ bailando las palmeras,/ el salón verde estaba vacío...» [4]

El Holocausto de los indígenas americanos a causa de la conquista hispana, sólo puede ser comparado en número y sufrimiento al de los millones de africanos negros desarraigados, asesinados y esclavizados en América. En México, sólo entre 1519 y 1532, de los 25 millones de indígenas originarios desaparecieron ocho millones de personas. En la Isla de Quisqueya o Haití (Haití-Santo Domingo), entre 1492 y 1520, del millón de indígenas originales desaparecieron 986.000 personas, víctimas de la violencia física, de los maltratos, de la viruela y otras enfermedades contagiosas introducidas por los castellanos [5]. Para conseguir una población de reemplazo, muchos españoles se dedicaron a perseguir y capturar indígenas designados como karives, en el litoral venezolano, los cuales eran luego vendidos como esclavos en la Española y Puerto Rico [6].

Nuestras investigaciones arqueológicas en el antiguo Hospital Real de Caracas, 1600 de la era, cuyas ruinas se hallan emplazadas bajo el actual Teatro Municipal, revelan que para dicha época una de las principales causas de muerte de los indìgenas caraqueños eran también las enfermedades infecciosas introducidas por los europeos [7]. Los ideólogos neocolo-nizados de nuestra burocracia cuarta república hicieron tabla rasa del holocausto indígena, exaltando la conducta genocida de muchos capitanes castellanos. Es así como vemos que mientras la memoria del capitán Diego de Losada, cuyos méritos militares no podríamos desmerecer, es recordada con una condecoración que otorga el Concejo Municipal de Caracas, la memoria de Guaicaipuro, ícono de los indios karives caraqueños, se preserva en el nombre de un barrio y el de un mercado popular, lo cual nos honra a los caraqueños y, recientemente, de una condecoración, la Orden Guaicaipuro, que otorga la Alcaldía de Los Teques.

En el momento actual, uno de los objetivos centrales de la globalización neoliberal es la degradación del carácter nacional de los Estados del Tercer Mundo y del Sur en particular, en tanto se refuerza el carácter nacional y proteccionista de las metropolis imperiales del Primer Mundo. Una de las maneras más efectivas de lograr dicho fin, es promover entre los intelectuales y en la gente en general de los países sometidos, una actitud de vergüenza étnica y un desconocimiento hacia la historia de las comunidades históricamente formadas que conocemos como Nación y particularmente hacia sus referentes etnosociales y culturales. Esta es la forma de desmantelar las capacidades de resistencia que pudiesen conservar las sociedades de estos Estados nacionales, hasta volver imposible la constitución de fuerzas sociales populares eficaces que puedan defender su soberanía. Simultáneamente, la evolución del capitalismo contemporáneo de avanzada se articula en torno a la consolidación de cinco grandes monopolios: 1) el monopolio de las nuevas tecnologías de punta, 2) el control de los flujos financieros a escala mundial a través de la deuda externa de los países tercermundistas y la apropiación de sus empresas básicas, 3) el control al acceso de los recursos naturales, particularmente los energéticos, los mineros, los vegetales, los humanos, con alta formación técnica-científica y demás, 4) el control de los medios de comunicación y, particularmente. de los medios de comunicación de masas y las telecomunicaciones que sirven para controlar y modificar la mente y la conciencia de los pueblos, y 5) el monopolio de las armas de destrucción masiva, químicas, biológicas o nucleares, con las cuales chantajean a los países más pobres que tratan de independizarse con ellas del dominio de las metrópolis imperiales [8].

El análisis de la situación actual de Venezuela, enfrentada al acoso del capitalismo mundial, nos revela hasta qué punto esas presiones se están ejerciendo también sobre el gobierno del Presidente Chávez para que no se destruya la mentira mediática que ha proclamado urbi et orbi la existencia en nuestro país de una falsa opción mayoritaria de la oposición que -en verdad- sólo representa un 1.6% del total de votantes inscritos. Frente a esta amenaza militar que pesa sobre países como Venezuela, Cuba, Argentina, Brasil y Bolivia, la única salida posible reside en la movilización permanente de todas las fuerzas políticas y sociales, populares y democráticas que operan en cada país, para defender el derecho de los hombres y mujeres a ser gobernados de la manera que beneficie su bienestar social y personal y no el de las cuatrocientas transnacionales que conforman actualmente el gobierno mundial.

La reevaluación crítica de la historia social venezolana es requisito ineludible para propiciar la movilización de nuestras fuerzas políticas populares y democráticas, promoviendo al mismo tiempo una toma de conciencia, un sentido de identidad con lo que hemos sido, somos y seremos como pueblo y nuestras raíces latinoamericanas. Sólo si llegamos a conocer y sentir cabalmente lo que somos como naciones, podremos integrarnos sin complejos y sin traumas dentro de la formación política regional de Mercosur+Cuba, lo que prefigura el carácter de los futuros Estados multinacionales que surgirán en América Latina durante el siglo XXI [9].

Con esto queremos expresar la necesidad de poder comprender y analizar nuestra historia como nación, como una comunidad históricamente constituida, no como líneas de eventos vinculadas exclusivamente a coyunturas puntuales, sino como parte y representación de los procesos históricos regionales y mundiales, única manera de comprender la relevancia de las particularidades de cualquier totalidad histórica.

Historia de los pueblos karives y formación del capitalismo mundial
Reivindicar y darle un nuevo contenido a la historia indígena venezolana y en particular a la de sus líderes, como es el caso de Guaicaipuro, equivale a analizar la coyuntura social, política y cultural que se origina con la fase inicial del capitalismo, caracterizada por la expansión de lo que es hoy nuestra patria. Dentro de esta perspectiva, el caso concreto de los pueblos karives entre los siglos XVI y XVIII comienza a reflejarse en el presente como un sujeto de estudio importante para la ciencia social venezolana. Cosificados por el reduccionismo de la historia hispanista como simples salvajes caníbales y guerreros, las investigaciones antropológicas e históricas sobre la sociedad karive que se han venido haciendo y se están llevando a cabo en la actualidad muestran su complejidad e importancia para comprender la constitución de la comunidad histórica original del norte de Suramérica y El Karive.

MAS KASIQUES DE LA P A LA Y

viernes, septiembre 29, 2006

Prepocunate

Formado entre los guerreros de confianza de Guarauguta, al lado de quien luchó hasta su muerte, Prepocunate recibe el cacicazgo de los indios guaraúnos, entre quienes se destaca por su ferocidad. Era hombre de poco hablar, de extrema exigencia con sus hombres y consigo mismo. Esta conducta ejemplar le dio un halo carismático entre las tribus caribes y eso le permitió acometer con valor y éxito cientos de empresas en contra de las tropas españolas.

Para doblegarlo, el gobierno español seleccionó a los capitanes Hurtado y Carrizo, quienes lo apresaron y para que no escapara lo amarraron alrededor de un árbol, custodiado por un pelotón que debía escoltarlo hasta el momento de su ejecución.


Al día siguiente al amanecer, Hurtado fue a buscar al prisionero para conducirlo al lugar de su ejecución, al llegar al árbol sólo encontraron las sogas rotas, tiradas en el suelo, junto a una rosa de montaña que el fiero guerrero caribe acostumbraba usar en su larga cabellera negra.

Prepocunate no apareció. Se desvaneció, sin que los españoles pudieran encontrar una explicación racional. Sin embargo, a los pocos días volvieron a saber del cacique. Prepocunate comenzó entonces una guerra devastadora, golpeando duramente al adversario, sin darle tiempo para reaccionar, y desapareciendo con toda rapidez del campo de batalla. Un día del año 1570 al tratar de atacar por sorpresa en el sitio donde hoy se levanta la ciudad de Los Teques, fue nuevamente cercado y luchó hasta la muerte.

Sorocaima

Algunos historiadores afirman que era guajiro o tequeño de clase guerrera y que llegó a la región de los indios Teques por problemas que tuvo en su propia tribu. Llegò a convertirse en hombre de confianza y uno de los lugartenientes del gran Guaicaipuro y a la muerte de éste, quedó como jefe guerrero bajo el mando de Conopoima



En 1570 participó en los ataques contra la recién fundada Santiago de León de Caracas, bajo el mando de Conopaima y Terepaima. En 1572, Garci González de Silva apresó a Sorocaima, Conopaima seguía resistiendo. Ante este hecho y deseoso de terminar la batalla rápidamente, González decide utilizar a Sorocaima como carnada y dice en alta voz, para que lo escuchen los otros guerreros, que el jefe indio perdería su mano derecha, que le sería amputada, a menos que se rindieran. En este último caso, se perdonaría la vida a todos. Es allí cuando el Jefe Sorocaima, le dice a los guerreros:

Ataquen con fuerza, mis valientes, que los españoles no tienen mucha gente.

Y luego, sin vacilar, estira el brazo para que le amputen la mano derecha, lo cual fue llevado a cabo por oficiales al servicio de Garci González. Sorocaima, en un gesto que reflejaba por igual el valor y la grandeza de su raza, tomó con su izquierda la derecha y, levantándola la ondeó en señal de triunfo. Luego, avanzó hacia sus hombres. Garci González había ordenado su libertad. Sin embargo, al dar la espalda al enemigo uno de los soldados le disparó a traición, quitándole la vida.

Tamanaco

Dos años después de la muerte del gran Cacique Guaicaipuro, surge Tamanaco, cacique de los indios mariches y de los quiriquires.

Su misión, al igual que Guaicaipuro, era la de propiciar una alianza entre las diferentes tribus. El 5 de diciembre de 1570, llegó a Coro, capital de la provincia de Venezuela, el gobernador y capitán general Diego de Mazariegos, pacta con los enemigos de Tamanaco. Nombra al avanzado Francisco Calderón para pacificar el valle de Caracas y lo designa teniente general de la recién fundada ciudad de Santiago de León de Caracas.

Calderón envía al capitán Pedro Alonso Galeas a rendir a Tamanaco. Galeas lo persigue y entra en tratos con el cacique Tapiaracay, enemigo de Tamanaco y del pacificado cacique Aricabuto, quien le ofrece ayuda a cambio de que le entregue a este último. El trato no se consolida y Galeas se mide con Tamanaco en una pelea en la que participa Garci González de Silva y el indio Aricabuto, que les sirve de guía. El combate no tuvo vencedor. Tamanaco decide atacar a Caracas, los españoles retroceden hasta las orillas del río Guaire. El capitán Hernando de la Cerda, se enfrenta con Tamanaco y este vence. Los indios no advirtieron la llegada de una caballería española, Tamanaco y sus hombres quedaron atrapados y fueron hechos prisioneros. Guaicaipuro fue condenado a morir en la horca, luego su cabeza sería exhibida para que sirviera de escarmiento a los rebeldes. Garci González, que había sido elegido Regidor del Cabildo de Caracas en 1573, estuvo en desacuerdo con la medida, ya que admiraba el valor, el temple y la dignidad demostrada por el guerrero. En el medio de estas consideraciones intervino un capitán de apellido Mendoza, que era propietario de un perro y sugirió que le dieran a Tamanaco la oportunidad de escoger entre la muerte en la horca o la posibilidad de salvar su vida si vencía al perro. Garci González estuvo de acuerdo, al igual que el resto de los miembros del Consejo de Guerra, Tamanaco acepto.

Tamanaco fue desatado y colocado en la Plaza Mayor (hoy Plaza Bolívar) Mendoza, soltó el perro, Tamanaco recibió varias mordeduras que le causaron la muerte.



Terepaima

Terepaima, cacique de araucos y meregotos, dueño del territorio que limitaba con los Teques, era tenaz como guerrero, ágil y preciso en las conquistas, alcanzó éxito en las batallas contra Rodríguez Suárez. Su dominio alcanzaba el Tuy, San Pedro, Mariches, hasta el territorio que hoy ocupan los estados Miranda, Aragua, parte de Carabobo, Cojedes y parte de Lara.

Terepaima, sabiendo que el español Rodríguez Suárez lo tenía sentenciado a muerte, reunió los indios Paracotos y en un feroz ataque contra los españoles, extinguió la vida de Rodríguez Suárez.

La victoria y el hecho de que Terepaima fuera el que diera muerte a Rodríguez, le creó una aureola de leyenda. Hasta ese momento, había actuado como jefe sin que los piaches de su tribu aprobaran su ascenso a la categoría de cacique. El triunfo de Terepaima sobre el español que mató a Yoraco, le dio argumentos para adquirir el liderazgo que ambicionaba.

La historia de este hombre demuestra que no sólo fue hábil como guerrero, sino que también tenía dotes para la política y para la diplomacia. De hecho, en 1559 negocia con Francisco Fajardo permitiéndole paso por su territorio después de habérselo negado. En 1561 vence a Luis Narváez, que había penetrado en su territorio con propósitos belicosos. Losada se enfrentó con Terepaima en el 67 y no pudo someterlo.

Fue Garci González de Silva quien logró establecer la paz con él, pero el indio muy pronto volvió a la guerra, a defender lo que creía que era suyo y en una cruenta pelea encontró la muerte a mediados de la década del 70.

Tiuna


Intrépido guerrero, nacido en la tribu de los Caracas, creció bajo la tutela del Cacique Catia y se caracterizó por su rigidez y valentía. Su poder lo ejercía en el valle de Los Guayabos, territorio que hoy día es conocido con el nombre de Catia La Mar.

Su dominio se extendió a través de las montañas, limitando con Filas de Mariches y los Valles del Tuy, incluyendo parte del valle de Caracas. Uno de sus hombres de confianza era el guerrero Aramaipuro, conocido como "ponzoña de abeja". Entre sus éxitos se recuerda el de Villa del Collado, hoy Caraballeda, así como el de Cayapa, donde derrota al legendario y cruel Rodríguez Carpio. En 1568 Tiuna reunió casi cuatro mil hombres, unido a los caciques Guaicamacuto y Aricabuto, para dar una pelea decisiva en Maracapana, sabana cercana a Caracas. Para destruir al invasor, estaban los caciques Naiguatá, Uripatá, Anarigua, Mamacuri, Querequemare, Prepocunate, Araguaire, Guarauguta, con siete mil guerreros; Aricabuto y Aramaipuro representaron a la nación mariche al mando de tres mil flecheros.

El gran cacique Guaicaipuro, que debía acudir con dos mil guerreros, no llego al sitio a causa del mal tiempo. Algunos caciques se retiraron, pero otros, motivados a la lucha por el cacique Tiuna decidieron combatir, Losada los enfrentó. La batalla fue desastrosa, los caciques decidieron retirarse.

Tiempo después, Tiuna se dedicó a hostigar implacablemente a todo conquistador. Los exasperados españoles pusieron precio a su cabeza. Y, según algún cronista, un indio traidor, lo atacó con una flecha causándole la muerte.



Yaracuy


Hijo del cacique Chilúa y nieto del indómito Yare, comandaba un imperio de más de 500 poblaciones indígenas, conocida como Guadabacoa.

En el momento del Descubrimiento, el inmenso imperio central estaba integrado por otras tribus, tales como, tarananas, yaritagua, acharigua, torondoyes, y zararas.

Otras tribus, entre ellas los macaures y los caripes se aliaron con los españoles para hacerle frente a Yaracuy.

El conquistador Diego García de Paredes, junto con el capitán Juan de Vargas, intentaron tomar tierra firme e instalarse en el bastión de El Tocuyo, pero Yaracuy los venció en la batalla de Cuyucutúa, en 1552.

Luego es capturado y condenado a muerte, pero consigue desarmar y poner fuera de combate a varios soldados y al fin sucumbió bajo el fuego de los arcabuces.

Yare

Yare, cacique de cumanagotos, quiriquires, charagotos y araucos, gobernante de las tierras que hoy comprenden los estados Miranda, Anzoátegui y parte de Monagas, fue además Piache y sumo sacerdote y uno de los guerreros más fieros entre todos los que se enfrentaron al conquistador español. Derrotó en Maturín al capitán Zerpa, unido a Terepaima; en Barquisimeto, hicieron morder el polvo a Juan Rodríguez Suárez.

Al enterarse de la muerte de Tamanaco, Yare tembló de ira y juró vengarse del capitán Mendoza, dueño de la fiera que dió muerte al cacique, lo persiguió hasta que consiguió acorralarlo en Aragûita. Al tenerlo prisionero lo hizo degollar, junto con su perro, y la cabeza de ambos las envió a los familiares de Tamanaco. Yare siguió su guerra sin cuartel, venciendo y siendo vencido, hasta que un día de 1575 los arcabuces españoles acabaron con la vida del guerrero.



Yavire - Paramaiboa - Pariaguán

Yavire fue uno de los grandes caciques caribes de la región guayanesa. Se le atribuye la unificación de las tribus que moraban en la región del Caroní y extiende su influencia hacia el norte, en lo que hoy son los estados Sucre, Monagas y Anzoátegui. En las batallas causaba muerte y terror entre sus adversarios. En una de sus más cruentas batallas contra el invasor, Yavire descuida su retaguardia y muere bajo el fuego ibérico en la batalla que sostuvo contra ellos en el sitio conocido hoy como Caicara de Maturín.

Poco tiempo antes de morir peleó en Cumaná y allí recibió una fuerte herida en el brazo derecho, que lo dejó semi inútil.

Varios de sus guerreros obtuvieron el grado de cacique o de jefe. Lucharon bajo sus órdenes los legendarios Paramaiboa y Pariaguán, que si bien se enfrentaron por el mando a la muerte de su jefe, muy pronto unieron fuerzas nuevamente para combatir al extranjero.

Paramaiboa, fiel a las enseñanzas de su jefe, funda una coalición de pequeñas tribus hacia el norte de lo que muy pronto sería la nación venezolana.

Su adversario fue el gran capitán español Gonzalo de Ocampo, quien actuando con extrema crueldad quiso dar un escarmiento definitivo a los caribes, para lo cual apresó y ahorcó a varios renombrados caciques; y a otros los envió como esclavos a Santo Domingo. Sin embargo, Paramaiboa en el norte de oriente y Pariaguán en el sur, seguirían fíeles al juramento que le hicieran a Yavire. Unen sus fuerzas y presentan batalla en Guanta (Anzoátegui), pero el militar español les propina una fuerte derrota. Paramiaiboa ataca de nuevo a Ocampo, obligándolo a retirarse hacia Nueva Andalucía (Cumaná). El cacique cobra venganza y somete a juicio militar a veinte soldados y cinco oficiales españoles, los condena a muerte y no los ejecuta gracias a la oportuna intervención de Fray Bartolomé de Las Casas, sacerdote defensor de los indios. El guerrero caribe escuchó los ruegos del padre de Las Casas, a pesar del odio que sentía por Ocampo.

Paramaiboa muy pronto se enfrentó al nuevo jefe español, Alonso de Vera y Aragón, al que también derrotó. Cuando se marchó Vera, conocido en la historia con el apodo de "Tupí", regresó de nuevo Ocampo, pero esta vez traía la diplomacia como arma y un oficial de gran temple de apellido Monsalve. Sus primeras medidas fueron las de apresar a los indios y luego liberarlos, no sin antes entregarles regalos. Al enterarse, Paramaiboa dio la orden de regresar los regalos y de advertir al invasor que debía abandonar sus predios. Ocampo colgó a los emisarios y esto dio inicio a una nueva guerra. Acorraló entonces a Paramaiboa y Pariaguán en el sitio denominado La Zapoara, hoy El Chaparro (Anzoátegui), pero fue vencido por Pariaguán, aunque en la batalla muere valerosamente el cacique Paramaiboa. Pariaguán era un cacique respetado y admirado por sus hombres. La noche de la batalla de La Zapoara, Pariaguán preparó su estrategia sigilosamente, con Paramaiboa, pero cuando comenzaron las acciones, él personalmente dirigió la batalla al frente de sus hombres, Paramaiboa, por su parte, lucha con fiereza y muere en la batalla. Pocos españoles sobrevivieron. El capitán Monsalve, que dirigió a los españoles, no pudo soportar la derrota y se suicidó.

Luego de la batalla, Pariaguán dirigió las exequias de su amigo Paramaiboa y de inmediato se dedicó a consolidar su triunfo, reunificando el antiguo dominio de Yavire. Se preparó para la destrucción final del adversario. Por su parte, los españoles reordenaron sus fuerzas y emprendieron una acción globalizante.

Ocampo decidió entonces unir todas sus tropas y atrapó a Pariaguán en el sitio de Los Cardones (Monagas). Su lugarteniente Castellanos atacó por un lado y Ocampo en persona lo hizo por el otro. Pariaguán fue diezmado y sus tropas aniquiladas. Con los pocos sobrevivientes se internó en las selvas de Guayana y no se supo más de él.


Yoraco

Yoraco en la etimología indígena chama significa zorro o diablo. Este indio nació en el valle de Tácata, siendo aún muy joven, visitó a sus parientes quiriquires ubicados en la costa de lo que hoy se conoce como estado Sucre, en Cariaco.


Allí vio las naves españolas llegando a las playas y descargando productos por hombres de una piel pálida, con armas que nunca antes había imaginado, supo entonces, que su tierra ya no era suya y sintió un deseo obsesivo de luchar para reconquistar sus tierras y la dignidad de su pueblo.

Yoraco comenzó a formarse para el liderazgo. Volvió a Tácata y allí fue protegido y educado por los piaches.

Combatió ferozmente al agresor español. Su objetivo era expulsar a los invasores. Creció su fama de hombre valiente, amparado por el poder sobrenatural que le dieron los piaches. Se supo que tenía un amuleto, especialmente ensalmado para él, que lo protegía de todos los males y peligros.

Los españoles enviaron al capitán Juan Rodríguez Suárez para vencerlo, partió con 200 hombres bien armados y un pelotón de caballería. Yoraco lo esperó en su territorio, la batalla fue dura, sin reglas, sin descanso. Un día ganaba Yoraco y el otro le tocaba la victoria a Rodríguez. Cuando llevaban varios días de enfrentamiento, decidieron los dos líderes resolver la contienda ellos mismos.

La pelea comenzó una mañana de 1561, la lucha fue agotadora hasta que decidieron estrecharse las manos en señal de mutuo respeto y admiración, y luego cada bando se retiró a su respectivo cuartel.
Yoraco, enfrentó nuevamente a Rodríguez Suárez y en el combate murió atravesado por la lanza de un soldado ibérico

PARAMARACAY-PARAMACONI-PARIATA Y MAIQUETIA

Paramacay

Cacique de origen cumanagoto, gobernó su tribu hacia el año 1569. Su territorio estaba ubicado en la región de Mamo, entre la costa barloventeña y el valle de Los Guayabos.

Tocó a Paramacay un tiempo difícil en la lucha contra el colonizador, por cuanto debió reiniciar los enfrentamientos a raíz de la instauración de un encomendero, el capitán Julián Mendoza, quien quiso imponer el trabajo gratuito y obligar a los menores de 20 años para que se convirtieran en servidumbre suya o de sus familiares.

Paramacay enfrenta en diversas escaramuzas a su tribu contra el encomendero y sus seguidores. En una de ellas captura y secuestra a Dolores Ruiz, la esposa de Julián Mendoza y a sus dos menores hijos, por quienes exige rescate al comendador y pide trato justo y conciliatorio para los suyos, logrando su objetivo mediante la presión del plagio.

Paramaconi

Su nombre significa caimán pequeño. Habitaba en la zona centro-norte-costera del país. Los españoles lo llamaban el cacique-caballero. Se unió a Guaicaipuro al iniciarse la década de los sesenta y presentó dura oposición a las tropas invasoras. Su origen cumanagoto lo ubica en la raza caribe.

En 1561 Guaicaipuro atacó las minas de la región de Los Teques, en donde murieron todos los españoles, incluyendo los hijos de Rodríguez Suárez y Paramaconi también arrasó con sus guerreros la Villa San Francisco, levantada por Rodríguez, en el mismo lugar donde Losada fundará a Caracas seis años más tarde. Cuando ya tenía ganada la batalla, ocurrió que una estampida de ganado destrozó a sus bravos toromainas y se vio obligado a retirarse.

Paramaconi atacó más tarde, unido a la coalición de caciques, el sitio del Collado (hoy Caraballeda) en donde vencieron a Fajardo y éste se retiró a Margarita con sus hombres. En 1567 llegó Diego de Losada y realizó la fundación de Caracas. En 1568 concurre a la gran coalición convocada por el gran jefe Guaicaipuro, pero la operación no tuvo éxito.

A comienzos de 1570, Garci González decidió exterminar al enemigo y lo atacó de noche en su caney. Paramaconi en la lucha fue herido y González le mando a curar las heridas y a partir de ese momento hubo paz entre ambos hombres y fueron amigos.


Pariata – Maiquetía

A mediados del Siglo XVI, se encontraban liderando a los indios del litoral central los caciques Pariata y Maiquetía. Se dice que Maiquetía era el verdadero cacique y que Pariata era uno de sus guerreros de mayor confianza, al lado de hombres de la calidad de Curucutí y Guracarumbo.

Pariata tenia su residencia en el lugar denominado Los Guayabos, en lo que hoy es Catia La Mar, pero su territorio abarcaba todo el sitio de lo que aún hoy se llama Pariata en el litoral central venezolano. Su vecino más cercano era el cacique Maiquetía, quien muy pronto decidió pactar la paz con los españoles. Pariata no se doblegó. Una de sus mas recordadas hazañas fue la del ataque al bergantín español El Pelayo, el cual incendió y destruyó por completo.

Pariata decidió pelear al lado de Guaicaipuro y cuando éste muere sirvió en las tropas de Tamanaco, una vez liquidada la resistencia y pacificados la mayor parte de los grandes jefes se retira con sus familiares y allegados a un sitio apartado.

Murió en edad avanzada pero pudo ver la fundación de La Guaira por Diego de Osorio el año de 1589.

MURACHI - NAIGUATA Y PAISANA

Murachí

Con este nombre se conoce al bravo cacique mocotíe, que habitaba en la sierra merideña, en un lugar de muy difícil acceso cercano al río Chama. El sitio era denominado Murrupuy por los indígenas. Eran indios laboriosos, que producían algodón con el que tejían bellas cobijas y ruanas, que les servían para protegerse de las inclemencias del tiempo. También producían otras artesanías y se dice que llegaron a poseer minas de oro en Acequías y Aricagua. Enfrentó las tropas de Juan de Maldonado, que fundó Mérida en el año 1559. Su esposa era la princesa Tibisay, hija del cacique de Las Vegas del Mucujún.

Eran adoradores del sol, al cual llamaban Ches. En la medida en que la guerra avanzaba, Murachí se dio cuenta de que la gran belleza de su amada la ponía en peligro y para protegerla la envió hacia el interior de su territorio, en el sitio más recóndito y secreto, en compañía de sus guerreros más leales. Sus hombres fueron diezmados y su tierra conquistada por el hombre blanco, pero Murachí nunca se rindió. Murió peleando contra el invasor en el año de gracia de 1560.

Naiguatá

Naiguatá, cacique de la familia caribe, ejercía su dominio a lo largo de una extensa zona costera que partía del río Anare, en los predios del Cacique Guaicamacuto, hasta las costas anzoatiguenses de lo que hoy se conoce como Puerto La Cruz.

Naiguatá, tenia como huéspedes a los soldados de Rodríguez Suárez y uno de ellos, queriendo lucir sus dotes de cazador, hirió de muerte a una gaviota, hecho que encolerizó a Naiquatá, exigiendo la ejecución del agresor y no consiguiendo tal solicitud con Rodríguez Suárez, tomó por asalto el campamento de los soldados y sometió a sentencia al inculpado. Al momento de dar muerte al reo, una bandada de gaviotas hizo acto de presencia Naiguatá interpretó como el perdón de las aves hacia el agresor y lo soltó.

Naiguatá vivió muchos años y pudo conocer muchos de los cambios culturales que impuso el colonizador.

Paisana

En 1555 el cacique Paisana estableció amistad con el mestizo Francisco Fajardo, hijo de una princesa guaiquerí y de un español de su mismo nombre. Fajardo solicitó paso libre por la tierra de los Caracas, a lo que accede el jefe indio. Fajardo entró al valle en compañía de sus hermanos Alonso y Juan Carreño, que también eran mestizos y de 20 indios de confianza. En 1557 regresa al valle de los Caracas, esta vez acompañado de su madre y de unos 100 indios guaiqueríes. Llevaba autorización del gobernador Gutiérrez de La Peña para gobernar y poblar la costa desde Borburata hasta Maracapana. Paisana no aceptó la fundación del Hato de San Francisco que hizo Fajardo en 1560, envenenó las aguas, causando la muerte a mucha gente, incluyendo la madre de Fajardo y éste lo condenó a morir en la horca.

MARA-MARACAY Y MEREGOTE

Mara

Este cacique de trato firme y autoritario, asumía toda la figura autocrática de quien gobierna asistido por poderes sobrenaturales.

Fue caudillo de una vasta región occidental que se extendía desde las orillas del lago conocido como Maracaibo y el río Magdalena, en el límite con lo que hoy día es Cartagena. Los fieros indios motilones conocieron las incursiones de este cacique que consiguió someter a muchas tribus de la región, con las cuales hizo frente al invasor. Perfecto conocedor de la geografía guajira, Mara consiguió ejercer una prolongada resistencia al invasor español.

Muere luchando contra un capitán español, que lo captura malherido y lo deja sumirse en su agonía, tratando de negociarle un trato de libertad a cambio de su riqueza. A la muerte de Mara no le sucede ningún otro cacique de su talla, por lo que la región fue prácticamente pacificada.

Maracay

Maracay fue un valiente guerrero, perteneciente a la tribu de los araguas, cuyo nombre serviría luego para denominar una nueva tribu descendiente de la que él era originario.

Dominó sobre la extensión que hoy ocupa el estado Aragua y parte de otros estados colindantes, especialmente hacia la costa por los predios del cacique Turiamo, quien fuera su aliado en muchas batallas.La fama de Maracay se sustenta en la derrota de Rodríguez Suárez. La batalla sostenida contra los soldados del mencionado capitán degeneró en duelo entre cacique y conquistador. La destreza y fortaleza de Maracay acabó pronto con su contrincante, quien debió retirarse vencido a su campamento.

La muerte de Maracay le sobreviene a temprana edad, como consecuencia de la traición de uno de los suyos, lo que permite que el conquistador español lo ejecute mientras descansaba.

Meregote

Cacique sucesor de Maracay, le correspondió la difícil tarea de dirigir a sus hombres en contra de los invasores, después de la muerte de Maracay. Gracias al tesón, liderazgo y estrategia, consigue reagrupar a los indios araguas y los convoca a un juramento en el que se comprometieron, en honor de su antiguo jefe Maracay, a luchar hasta la muerte.

Por su parte, los españoles no titubeaban ya para alcanzar su objetivo. La tierra ocupada por el cacique Meregote y sus indios araguas debía ser rendida a la bandera española a la mayor brevedad.

Los dos bandos se enfrentaron en una batalla definitiva en el sitio denominado La Colina de La Cruz. Allí murieron los hombres de Meregote. Ninguno se rindió. Meregote fue un digno heredero de Maracay.

GUARATARI-QUEIPA-MAMACURRI Y MANAURE

Guaratarí - Queipa – Mamacurri

En 1555 Alonso Díaz de Moreno funda la ciudad de Valencia del Rey e inicia tratos con los caciques, con el fin de pacificar la región. Queipa, uno de los caciques más influyentes de la zona, pacta la paz con el conquistador, pero el Cacique Guaratarí no le perdona lo que considera una traición y le declara la guerra a ambos.

Guaratarí enamorado de la princesa Tibaire, hija de Queipa, envía a el Piache El Tiznado a negociar la boda, lo que fracasa y Guaratarí, lleno de furor, inicia una terrible guerra contra el cacique Queipa y su tribu; en ese enfrentamiento el jefe jirahara muere en las manos de El Tiznado. Guaratarí también elimina al cacique Mamacurri y sigue la guerra contra España, sin coordinar con otros caciques, hasta que un día murió su fiel Tiznado y más tarde, él pierde la vida al enfrentarse a los arcabuces españoles, en una batalla cercana a Valencia.

Guarauguta

Este cacique intensificó sus ataques contra el Capitán Diego García de Paredes en 1562 quien es llamado a España y designado gobernador de la provincia de Popayán y cuando venía a tomar posesión de su cargo, en 1563, decide descender en Cabo Blanco, Venezuela, y es atacado por el cacique Guarauguta y pierde la vida al lado de sus lugartenientes Alonso Zapata y Francisco de Las Casas. Pocos hombres pudieron salvar sus vidas. Huyen en su barco y viajan hacia Borburata, esto le dio fama al cacique Guarauguta, quien intensificó sus ataques contra los invasores. El capitán Gómez de La Peña, vence al guerrero, quien muere acribillado en los alrededores de Catia La Mar.

Manaure

Manaure hombre pacífico y negociante apreciaba la paz como sistema de vida. Su relación con los españoles se complicaba en ocasiones, pero no por su culpa. Los conquistadores irrespetaban la autoridad de los caciques y ni siquiera consideran a aquellos jefes que se convertían en sus aliados.

Fue jefe de la nación caquetía o caiquetía, la cual estaba ubicada en la zona que hoy ocupa el estado Falcón.

Era un hombre valeroso, pero prudente, que ostentaba un cacicazgo muy al estilo de las cortes europeas. A diferencia de Guaicaipuro y, en general, los jefes caribes, no sufrió penurias y pruebas antes de ser designado cacique. Representaba a una nación que tenía como principio servir al jefe, brindándole toda clase de comodidades. En sus recorridos, el jefe caquetio era transportado en hamaca o en andas, cargado por sirvientes de su propia tribu. Su área de influencia abarcaba además las islas circunvecinas, hoy llamadas Aruba y Curazao. Su centro de poder lo tenía ubicado en el poblado de Todariquiba, cerca de la actual Sabaneta. Luego de la fundación de Coro, en 1527, se traslada a esa ciudad. Entró en contacto con los españoles a través de sus guerreros Baracuyra y Baltasar. En principio, negociaron la paz con Gonzalo de Sevilla, asistente de Juan de Ampíes, hacia el año 1522. En 1525 un grupo de traficantes de esclavos asaltan la zona y toman prisioneros a varios parientes de Manaure. Ampíes los socorre y los rescata de sus captores, que los habían llevado a Santo Domingo para venderlos, y Manaure quedó para siempre agradecido de Ampíes, quien lo bautiza en 1528 con el nombre de Martín. Cuando Ambrosio Alfinger asume el poder, procede a expulsar a Ampíes y apresa a Manaure. Luego de su liberación, Manaure se retira a unos 300 kilómetros de Coro.

A Manaure le fue conferido señorío sobre tierras y vasallos, pero este trato se rompe y el viejo cacique se refugia con sus bravos en las tierras de Yaracuy, que le da protección, y allí muere en un enfrentamiento con los hispánicos en el sitio de El Tocuyo.

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